domingo, 19 de abril de 2015

Art. Revista Semana caso piloto Germanwings estigma en salud mental

No más estigmas a las enfermedades mentales
El caso de Andreas Lubitz, el copiloto de Germanwings, ha generado la falsa idea de que las enfermedades mentales son sinónimo de peligro.

Antes del accidente del avión de Germanwings, Andreas Lubitz era visto como una persona normal, sonriente y responsable, que había logrado cumplir su sueño de niño: volar. Pero el 24 de marzo pasado el copiloto cometió un acto que ninguno de sus conocidos imaginaría. Se encerró en la cabina del avión, lo aceleró y emprendió un descenso que lo estrelló diez minutos después contra las montañas de los Alpes franceses y causó su muerte y las de 149 personas más a bordo. Las autoridades encontraron en su casa antidepresivos, incapacidades médicas y un diagnóstico previo de un trastorno mental. De ahí a cuando la opinión pública lo llamó desquiciado, depresivo y criminal no pasó mucho tiempo. “Loco en la cabina”, “Piloto asesino tenía depresión”, “¿Por qué diablos lo dejaron volar?” fueron algunos de los titulares.
Pero esta asociación no solo es errada sino perjudicial para las personas que padecen algún tipo de trastorno mental. Es equivocado porque un diagnóstico de depresión difícilmente podría explicar este trágico desenlace. “En este caso hay algo fundamentalmente diferente y ahí es donde hay que buscar”, dice James K. Knoll, director de psiquiatría forense de la Universidad de Nueva York. La gran mayoría de enfermos mentales nunca intentarán hacer nada violento y los estudios señalan que apenas el 5 por ciento de los crímenes se puede atribuir a un trastorno mental. “Si yo tuviera una varita mágica para desaparecer la esquizofrenia, el desorden bipolar y la depresión mayor, permanecerían el 95 por ciento de las actos violentos”, explica Jeffrey Swanson, profesor de psiquiatría de la Universidad de Duke.
En Estados Unidos, la gran mayoría de gente implicada en violencia con armas y homicidios “no ha sido diagnosticada con una enfermedad mental y no parece tenerla”, dice a SEMANA Adam Lankford, experto en justicia criminal de la Universidad de Alabama. Paradójicamente, lo más común es lo contrario. Según Rebecca Palpant, del programa de salud mental Rosalynn Carter, estas personas tienen cuatro veces más riesgo de ser aislados y victimizados que la población general, especialmente en países en vías de desarrollo. Un estudio mostró que en un periodo de cuatro meses el 8,2 por ciento de estos enfermos fue agredido, comparado con apenas el 3,1 por ciento de personas de la población general.

Pero lo más preocupante del caso de Lubitz es que profundiza aún más el estigma que rodea estas enfermedades y a quienes las padecen. El estigma es una serie de creencias que se le etiquetan a un grupo de personas. “Histórica y culturalmente se ha creído que estas enfermedades son terribles, peligrosas y vergonzosas. Es la lepra moderna”, dice Myriam Jimeno, antropóloga y experta en cultura de la violencia. Algunos incluso las ven aún como si se trataran de posesiones demoniacas. Si a ello se le añade que podría ser el detonante de masacres, como se ha hecho de manera irresponsable con la historia de Lubitz, se reforzarían la ansiedad y las dudas de estos pacientes sobre consultar y recibir tratamiento. “Muchos dirán que deben mantener escondidos los síntomas a toda costa”, señala Ron Honberg, de la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales de Estados Unidos.
Eso sería muy grave porque en Colombia la incidencia de estas condiciones es alta. Según el estudio de salud mental realizado en 2003, cuatro de cada diez colombianos ha tenido alguna vez un trastorno mental. Esto en plata blanca significa el 40,1 por ciento de la población. Sin embargo, solo el 12 por ciento de ellos ha recibido algún tipo de tratamiento. Tan preocupante como lo anterior es que la gente espera en promedio ocho años para hacer la primera consulta. Según el psiquiatra José Posada, las causas de esta demora son “la ignorancia, el estigma y la ausencia de una política de salud mental”. El experto calcula que el panorama de estas enfermedades podría ser mayor hoy debido al desplazamiento forzado y el desempleo, factores de riesgo para estos problemas que siguen ocurriendo en este país como consecuencia del conflicto armado.
La falta de diagnóstico y tratamiento solo empeora la enfermedad. Jorge Noriega, presidente de la Asociación Colombiana de Bipolares, señala que estos males no son diferentes a los físicos. “Si uno tiene caries y no va al odontólogo, el problema progresa hasta que afecta la raíz y comienza a doler. Lo mismo sucede con un trastorno de estos: si no se atiende bien, puede terminar hasta en psicosis”. Según Posada, el 50 por ciento de los pacientes con esquizofrenia pueden llevar una vida funcional si reciben un tratamiento integral que, lejos de lo que la gente piensa, depende solo en el 20 por ciento de la terapia farmacológica. El resto de la recuperación se logra con cambios actitudinales, comportamentales y cognitivos que se dan con apoyo apropiado y oportuno de médicos especializados.
Pero en una sociedad donde el estigma prevalece, este se convierte en una barrera para buscar y cumplir el tratamiento, para acceder a un trabajo y para integrarse a la comunidad, condiciones ideales de cualquiera que sufre una dolencia, ya sea física o mental. El círculo vicioso empieza por el propio paciente que se autodiscrimina “al negar sus síntomas y evitar la ayuda profesional”, dice a SEMANA Frank Ochberg, profesor emérito del Dart Center de la Universidad de Columbia. Palpant señala que es una de las barreras más difíciles de derrumbar y que en cierta forma es lo que causa los suicidios porque ellos mismos se sienten devaluados. “La mayoría de las personas creen que es una debilidad más que una enfermedad”, apunta el psiquiatra Jorge Téllez, fundador de la Asociación Colombiana contra la Depresión.
Si la familia del paciente comparte esos mismos estereotipos sobre la enfermedad, el problema se agrava porque los van excluyendo poco a poco “y así se daña su principal red de apoyo”, dice el psiquiatra Edwin Erazo. La gente con problemas de salud mental necesita el soporte de sus seres queridos para buscar tratamiento, pero “en aquellas familias donde no hay conciencia de estas enfermedades evitan hacerlo”, dice Lankford. Otros los abandonan a su suerte porque creen que el psiquiatra y el medicamento son suficientes para resolver el caso.
Los afectados viven eso a diario. En la casa de Noriega, un ingeniero civil con trastorno bipolar, le prohibieron “desde manejar hasta opinar”, dice. Hay estudios en los que se evidencia que el grupo familiar los infantiliza y segrega y está demostrado que ello no solo no es necesario sino que es contraproducente. Por eso, se ven casos en los que el paciente guarda en secreto su enfermedad, incluso a su pareja por miedo a que esa información sea usada en su contra. No es infrecuente ver en el sistema judicial que los esposos echen mano de una ida al psiquiatra o un diagnóstico mental para reclamar la patria potestad de sus hijos.
En el ambiente laboral la situación no es muy diferente. “Las incapacidades psiquiátricas son muy mal vistas, tanto que ni siquiera los pacientes las reciben ni quieren presentarlas en sus trabajos”, dice Téllez. A veces, los empleadores no entienden por qué una persona con un trastorno mental no puede ir a trabajar.

Para completar este círculo perverso, el ESTIGMA está presente en el sistema de salud y se refleja en la falta de una ley, en la escasez de médicos psiquiatras y en la falta de recursos para dar un buen tratamiento. Tal como están las cosas hoy, las consultas son muy distanciadas, y el tiempo de atención es de apenas 20 minutos cuando lo mínimo son 40, y eso imposibilita que los psiquiatras logren explicar lo que tiene el paciente o brindarle atención integral. La INFORMACIÓN es crucial para la recuperación, como sucede con la diabetes o los problemas del corazón o cualquier otra dolencia física. “Después de muchos médicos y clínicas alguien le puso nombre y apellido a mi problema y desde ese momento empecé a salir de la ignorancia, y eso fue la mejor ayuda porque entendí que debía hacer cambios en mi vida y que eso era el principal factor de mi recuperación: dieta, ejercicio, menos estrés y cero alcohol”, dice Noriega.
Ante este panorama, el país está en mora de iniciar una campaña de educación para acabar con la ignorancia frente a la salud mental. En España y en Escocia se han desarrollado algunas estrategias básicas que buscan identificar la discriminación en el lenguaje. Con frecuencia se escucha decir: “este país es bipolar”, “a ese señor se le corrió la teja” o “pilas con esa vieja, que es loca”. En otros casos se peca por identificar la enfermedad con la persona, como cuando la gente dice “ella es depresiva” aunque casi nunca se refiere a una persona con cáncer como cancerosa. Decirle loco a cualquiera es impreciso porque la locura es un término para ciertos pacientes, pero no para todos. Pero también es bastante peyorativo utilizarla para designar a una persona que de por sí ya está sufriendo bastante.
¿Enfermos o asesinos?
Con frecuencia se ven crímenes que nadie puede explicar como el de Andreas Lubitz, el del Desalmado en Putumayo o el de un hombre que incineró a su novia en Villavicencio. En la mente de muchos estas acciones extremas solo encuentran explicación en la locura. Pero esto no es necesariamente verdad. Los expertos señalan que la enfermedad mental solo explica los asesinatos en serie en un porcentaje muy bajo. En el 80 por ciento de los casos se deben a exceso de ira, paranoia, delirios de superioridad, sed de venganza o narcisismo extremo. “En general los enfermos mentales tienden a hacerse daño a sí mismos pero no a otros”, dijo a SEMANA Frank Ochberg, profesor emérito del Dart Center de la Universidad de Columbia.
¿Salir del clóset?
El escenario ideal sería que un paciente pudiera decir que padece una enfermedad mental como lo haría si fuera hipertensión o diabetes. Sin embargo, los expertos reconocen que en Colombia no es conveniente ‘salir del clóset’ por el riesgo a ser discriminado. “Aún no hay madurez para que la sociedad lo acepte”, dice el psiquiatra José Posada. Esto no quiere decir que la persona deba esconder a todos su enfermedad. Es importante aceptarla, buscar tratamiento integral y contar con el apoyo de familiares que son fundamentales. Si bien en el trabajo no es obligatorio revelar la condición, hay que tener en cuenta que no se pueden aceptar funciones que generen alto estrés porque este es un factor de riesgo que podría obstaculizar la recuperación. En ese sentido las directivas de una empresa pueden ayudar a ubicar a estas personas en trabajos más adecuados. Lo importante es que la sociedad cambie “y la manera de hacerlo es con el ejemplo”, dice el psiquiatra Edwin Erazo.

El costo del estigma
Piedad Bonnett relata cómo la marca interfirió en el tratamiento de la enfermedad de su hijo Daniel, quien se quitó la vida en 2011, ocho años después de ser diagnosticado con esquizofrenia.
“A los 19 o 20 años Daniel empezó a cambiar sus comportamientos. Hablaba obsesivamente sobre sus planes, y no sé qué otras cosas, porque parte de su vida transcurría en la universidad. Quizá mostraba un poco de paranoia o creía ver signos en cosas insignificantes. En todo caso su sintomatología no era demasiado visible ni había agresividad ninguna. Sin embargo, algunos de sus amigos se alejaron de él. Yo solo supe de un caso, de una amiga suya. Una mamá no puede ver lo que pasa en ciertos ámbitos, y él no decía nada, en parte porque era introvertido, en parte porque, tal vez, se asustaba con la idea de estar enfermo, no la aceptaba. Pero esas pérdidas (de sus amigos) hicieron que él fingiera, de ahí hasta su muerte, que era perfectamente normal. El miedo al estigma lo llevó a eso, con el consiguiente esfuerzo, casi desmesurado, por tener el control total de su persona. Su enfermedad fue desde entonces su gran secreto, que logró mantener hasta con la gente más cercana. El costo, creo, fue altísimo: una especie de doble vida, que lo llevó a no abandonarse jamás ni a confiar a otros lo que le sucedía, por miedo al rechazo”.

“Decidí no esconderme”
Gloria Pinto supo que tenía esquizofrenia a los 27 años. Hoy cuenta cómo logró superar el estigma y recibir el tratamiento adecuado.
“Me diagnosticaron cuando tenía 27 años. Al principio había una ignorancia total sobre qué hacer. Cuando tenía crisis regalaba plata, botaba cosas y por la paranoia pensaba que mi familia estaba contra mí. Eso me distanciaba de ellos. Años después del diagnóstico seguía dando palos de ciego porque los psiquiatras no daban información. El estigma siempre fue una gran preocupación. Mis papás me decían “no le diga a nadie para que no la ataquen”. Los psiquiatras me recomendaban que me callara porque si decía no me contrataban. Pero todo cambió cuando encontré la Asociación Colombiana de Pacientes con Esquizofrenia y ellos me brindaron apoyo y educación para manejar la enfermedad en tiempos de crisis como en estabilidad. Aprendí muchísimo sobre los síntomas y el tratamiento y logré estar 16 años sin crisis. Todo esto ha sido gracias al apoyo de mi familia, pero sobre todo a darme cuenta de que esta enfermedad no podía gobernar mi vida y para eso era necesario no seguir escondiéndome”.
S.O.S.
No hay que tenerle miedo al diagnóstico. Ante cualquier síntoma lo mejor es consultar. Estos son algunos grupos de pacientes que ofrecen orientación.
  • Asociación Colombiana de personas con Esquizofrenia y sus Familias: contacto@acpef

  • Asociación Colombiana contra la Depresión: 530 11 70 - 611 32 02 - 802 16 14

jueves, 26 de marzo de 2015

Citación Asamblea General

Estimados (as) Asociados (as)

Reciban un cordial saludo; en cumplimiento a lo establecido en nuestros estatutos nos permitimos convocarlos a la Asamblea General Ordinaria que se realizará el sábado 28 de Marzo del presente año a las 2:00 PM, en la carrera 8 D # 106-50, en Bogotá D. C.

lunes, 23 de marzo de 2015

El Espectador en relación con el Programa Séptimo Día

El Espectador: en relación a la serie de programas de Séptimo Día titulados "la enfermedad desamparada". 

La enfermedad desamparada

Dos millones
 de colombianos padecen trastornos mentales graves. Sólo uno de cada diez recibe tratamiento.

Podría hacerse una radiografía de la salud mental de los colombianos teniendo sólo en cuenta las cifras. Podría decirse que dos millones de personas en el país padecen trastornos mentales graves (esquizofrenia, depresión aguda o trastorno bipolar), que sólo una de cada 10 recibe tratamiento, que el 20% de los presos en Colombia tienen alguno de estos males o que en 2011 un total de 528.000 personas fueron diagnosticadas con enfermedad mental por las EPS del régimen contributivo. Las cifras serían suficientes para dimensionar el tamaño (y gravedad) del problema.

Pero también podría hacerse una 
radiografía escuchando sólo las voces de los afectados. La de un “paciente” que dice “quisiera estar en el cementerio. Allá sí voy a estar tranquilo. Me siento solo, con miedo de estar en la calle”; la de un psiquiatra que reconoce que “no hay ni las personas suficientes, ni los especialistas suficientes, ni las camas suficientes” para brindarles atención (adecuada, oportuna e integral) a las personas con enfermedad mental, y la de un paciente de esquizofrenia que confiesa “maté a los que más odiaba porque me llegó un odio que no pude soportar, de un momento, de la nada, del aire... un odio que no podía soportar”.

Durante cinco meses tres periodistas y tres productores de Séptimo día, junto con su director Manuel Teodoro y su subdirectora Luz Marina Giraldo, se adentraron en lo más profundo de la enfermedad mental, o “la enfermedad desamparada”, como titularon esta serie de tres programas que concluye hoy. ¿Cuál fue la hipótesis con la que partió este trabajo de investigación?

“Muchas personas no reciben un diagnóstico-adecuado de su enfermedad mental —dice Teodoro—. Este es un país que no le ha prestado la atención necesaria a este tema. Tenemos pocos psiquiatras y psicólogos para la magnitud del 
problema: por cada mil habitantes hay menos de cinco profesionales de la salud mental, mientras en Ecuador hay 20 y en Venezuela 22. El más grave de los problemas es que no hay diagnóstico”. A lo largo del especial hay una pregunta recurrente: ¿cuántos delitos, cuántos suicidios, cuántos homicidios habría sido posible evitar si se hubiera hecho un diagnóstico a tiempo o si las personas ya diagnosticas hubieran recibido el tratamiento adecuado?

No es difícil contestar esa pregunta. Basta escuchar la historia de doña Gilma Posada —que reconstruye Susana Suescún— y de su hija Irma Grajales, diagnosticada con esquizofrenia desde hace 25 años. “Ellos me dijeron que esa enfermedad no se curaba, pero que se trataba tomándose la medicación, que eso la tranquilizaba y la mantenía un poquito normal”, dice doña Gilma y su relato se va transformando en las peores de las tragedias.

El 13 de septiembre de 2010 su hija dejó de recibir los medicamentos que la Nueva EPS le había suministrado por 12 años. Argumentando que estaban actualizando el sistema, la EPS les exigió un certificado de la enfermedad que padecía Irma. Pasaron ocho días para conseguir el documento, ocho días en los que Irma dejó de recibir sus medicamentos y empezaron a despertarse en ella las ideas más delirantes, más alucinantes. En un episodio psicótico Irma mató a su papá. Fue encontrada horas después deambulando por las calles. “Yo no hubiera hecho eso. Yo no hubiera hecho eso y le dañé la situación a todo el mundo en la casa”, dice, llorando, desde el hospital mental donde hoy continúa.

Otro drama es el que se vive en las cárceles, en las que viven 2.800 personas con enfermedad mental que están actualmente recluidas por haber cometido un delito. En Colombia, si un homicida logra demostrar que antes de cometer el delito había sido diagnosticado como enfermo mental grave —o incluso si lo hace durante el juicio— el juez puede declararlo inimputable y en lugar de remitirlo a una cárcel, debe trasladarlo a un hospital psiquiátrico para cumplir su condena. Sin embargo, la mayoría va a la cárcel porque no hay a dónde más enviarlos.

¿Está preparado el personal de la cárcel 
para manejar (rehabilitar) a este tipo de internos? ¿Hay tratamientos adecuados (integrales y oportunos) en prisión? “Nadie quiere trabajar con “pacientes psiquiátricos” (discapacidad psicosocial) ni con “enfermos mentales” (personas en procesos de salud mental), no se consiguen ni médicos ni trabajadores sociales (ni psicólogos clínicos, ni psicólogos ocupacionales, ni psicoanalistas), y el trabajo lo hacen funcionarios del INPEC”, reconoce el general Gustavo Ricaurte, director de este Instituto. ¿Y qué pasa con quienes cumplen su condena y tienen que suspender los medicamentos y la suerte de tratamiento que les brindan en prisión? Se estima que el 20% vuelve a reincidir, y que otro gran porcentaje termina en la indigencia, como le pasó a Jorge Lorenzo —en una historia que reconstruye Alejandra Rodríguez—: “Me tiré a las calles a sufrir las penalidades que se sufren dentro de ella, que son demasiadas. Hay que saber sobrevivir en la calle si no lo matan a uno o tiene que matar a otro”.

Según el más reciente censo, en el país hay aproximadamente siete millones de habitantes de la calle. Se estima que casi el ciento por ciento de ellos padecen algún GRADO de enfermedad mental (discapacidad psicosocial) y un gran porcentaje son psicóticos. Para sobrellevarlo, para escapar (en busca de alivio a su malestar (no enfermedad) de la enfermedad, muchos se entregan al consumo de sustancias-psicoativas. La mayoría de veces el efecto es peor. “Yo consumo y se me mete la perseguidora, yo consumo y me dan ganas de coger a otra persona y darle cuchillo, porque siento que me van a romper, que me van a matar”, dice uno de los testimonios recogidos en Diego Guauque, en la última parte de este especial. DB Glosario

Estigma social en salud mental y papel de los medios de comunicación

Diciembre 2013

El estigma de la enfermedad-mental nos afecta a todos; en relación al trato dado por Séptimo Día de Caracol TV, a la enfermedad mental asociada a delincuencia, criminalidad y violencia; consecuencias de este trato.  
Entrevista con el doctor José María Sánchez Monge, presidente de la Confederación Español de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES), con motivo de la “II Campaña de Concienciación sobre la Enfermedad Mental” que organiza Astra Zéneca para dar a conocer la problemática de esta patología y luchar contra el estigma

  • Madrid, 10 octubre 2007 (AZprensa.com)

    La Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES), además de las propias CAMPAÑAS DE SENSIBILIZACIÓN sobre la Enfermedad Mental” que organiza Astra Zéneca para dar a conocer la problemática de esta patología y para luchar contra el estigma.
    A continuación transcribimos la entrevista concedida a AZprensa por el presidente de FEAFES, José María Sánchez Monge, en la que señala el impacto que el estigma tiene en la vida del paciente mental y de sus familiares y destaca la gran función de las CAMPAÑAS DE CONCIENCIACIÓN Social para combatirlo.

    ¿En qué sentido y a quienes afecta el estigma en la enfermedad mental?

    El estigma afecta a todos en general y en particular a la persona con enfermedad mental y a su familia. El enfermo es una persona normal que tiene una dolencia, como tienen la mayoría de las personas de nuestra sociedad, algunos tiene diabetes, otros asma… otros caries dentales, otros infartos cardíacos pero las enfermedades mentales tienen mala fama por el profundo desconocimiento de su existencia y de sus características por parte de los médicos y publico en general. Esto deriva en que continúe el proceso evolutivo de leve a moderado a grave, llegando a tocar los "nervios" y ya no solo necesitar simplemente un tratamiento sencillo para una calza superficial sino un tratamiento de conductas, llegando la persona a deteriorarse y el enfermo, que no es consciente de que en momentos de crisis agudas (psicóticas) hace cosas incongruentes, quiera esconder su enfermedad (¿vergüenza?, ¿impotencia?) pero no solo él, sino también su familia.

    Desde FEAFE, estamos intentando luchar contra el estigma. Nosotros no tenemos ningún problema en decir que tenemos una enfermedad mental o que tenemos un familiar con una enfermedad mental, porque si la sociedad lo conoce, tendrá menos tabúes y será fácil atenderles, atenderlos oportunamente y atenderlos integralmente y hasta precozmente deteniendo el proceso en sus primeras etapas evolutivas (etapa leve a moderada).

    Sé de personas que han comunicado “tengo un problema de salud mental y en un momento determinado me retraigo, me quedo en casa y no salgo” y eso facilita que los amigos le puedan atender y contribuye a algo muy importante, que es que se integre en la sociedad, porque uno de los mayores problemas de la persona enferma es que se retrae, con lo cual se queda dando vueltas a su problema y cada vez el problema es mayor; va evolucionando.

    ¿Qué acciones concretas lleva a cabo FEAFES para luchar contra el estigma?

    <=R> Hemos hecho varias acciones, pero destacaría la Guía de Estilo para medios de comunicación y para nuestras entidades, (Ver en Internet) porque nos parece importante el trato que se realice de la enfermedad mental en los medios, porque es una tema de posible estigmatización, pero también puede ayudarnos a erradicar el estigma en la sociedad, con un adecuado uso del lenguaje y con la información necesaria para comprender y conocer la enfermedad mental, podríamos llegar a todos los ciudadanos y podríamos cambiar la visión negativa que tiene nuestra sociedad actual. Gracias a la Guía hemos avanzado en algunos aspectos en el trato que tienen los medios, pero no lo hemos conseguido del todo por lo que seguimos trabajando día a día. Asimismo pretendemos formar al ciudadano de a pie y sensibilizar a la sociedad. La enfermedad mental es una enfermedad más (cmo las caries dentales) y como tal hay que tratarla (oportuna e integralmente) y olvidarse de todos los prejuicios que existen alrededor de ella.

    Sabemos que con el tratamiento adecuado (oportuno e integral) las personas con enfermedad mental pueden incorporarse perfectamente a la sociedad, trabajar, casarse, es decir, hacer una vida prácticamente normal, lógicamente - a veces - sufren altibajos, pero como los pueden sufrir personas que padecen otra patología cualquiera.
    Además, no es sólo un problema sanitario, sino también un problema social, porque los tratamiento no solo son tratamientos médicos y tratamientos farmacológicos, sino también tratamientos psicosociales lo que conlleva a que haya muchos especialistas trabajen con el paciente.

    ¿Piensa que las CAMPAÑAS de CONCIENCIACIÓN SOCIAL sobre enfermedad mental son útiles para dar a conocer la realidad de este tipo de enfermedades entre la población?

    Sí. Hace en año hicimos un convenio con el Ministerio de Sanidad que tenía varios apartados el primero era la creación de una Estrategia para que las personas con enfermedad mental tengan una mejor atención-sociosanitaria, que este año hemos visto como veía la luz bajo el título: La Estrategia de la Salud Mental del Sistema Nacional de Salud.

    El otro apartado, era una CAMPAÑA MASIVAS DE SENSIBILIZACIÓN, que pretendía concienciar a los médicos y público en general de que la enfermedad mental es una patología como otra cualquiera, porque con un tratamiento adecuado (oportuno e integral) la persona puede incorporarse a la sociedad sin ningún tipo de problema. La CAMPAÑA MASIVA DE SENSIBILIZACIÓN duro quince días y en el momento de su desarrollo fue muy oportuna, pero creemos que debe tener una continuidad temporal y territorial, es decir que se realice en todas las Comunidades Autónomos del territorio español a nivel nacional, autonómico y local, porque cuanta más información tenga la sociedad mayor sensibilización tendrá la enfermedad mental y los enfermos tendrán más facilidad para incorporase a la sociedad. Por ello hemos solicitado al Ministro de Sanidad que amplié la CAMPAÑA MASIVA DE SENSIBILIZACIÓN.

    Tenemos también CAMPAÑAS MASIVA de SENSIBILIZACIÓN en los INSTITUTOS como la CAMPAÑA Zero Estigma o Mentalízate que se está llevando a cabo en estos momentos en Castilla y León, para informar a los jóvenes sobre la enfermad mental (existencia características, causas, causantes, etc., etc.,), para que puedan detectar (precozmente) algún comportamiento diferente entre sus familiares y amigos y poder identificar pronto la enfermedad, la detección y diagnostico precoz es fundamental para el pronóstico de la enfermedad.

    ¿Considera que existen todavía carencias en la integración social y laboral de los personas con enfermedad mental?

    A nivel social muchísimas, ya que los pacientes no cuentan en muchas ocasiones con los adecuadas terapias de rehabilitación psico-socio laboral, así como Programas de Formación OcupacionalPFO con lo que no reciben el tratamiento adecuado y no tienen una recuperación plena, por lo que no se pueden incorporar a la vida-laboral.

    Además esta enfermedad mental rompe normalmente el periodo de formación, que provoca que no terminen los estudios o que les cueste más que a otras personas, por l= que limita su formación. Es una causa-efecto porque esta patología hace que las personas se retraigan con lo cual es muy difícil que puedan incorporarse a la vida laboral.

    Estamos trabajando para destacar que no es solo un problema sanitario, sino también es un problema social, porque afecta a las relaciones personales y laborales de las personas con enfermedad mental. Por lo que afecta al Ministerio de Sanidad, al Ministerio de Educación, al Ministerio de Trabajo, al Ministerio de Justicia… porque hay que adecuar y personalizar los tratamientos médicos, facilitar la educación y favorecer la integración social y laboral de las personas con enfermedad mental.
    Los pacientes con enfermedad-mental tienen un alto grado de incumplimiento-terapéutico ¿hace algo FEAFES para concienciarles de la importancia de seguir el tratamiento?

    Hemos realizado varias CAMPAÑAS de sensibilización sobre el incumplimiento-terapéutico, entre ellas la denominada “Adherencia al tratamiento”. Hemos dado información y hemos formado a personas con enfermedad mental, haciendo hincapié en que el primer aspecto para su recuperación es que tienen que darse cuenta de que tienen una enfermedad y que para mejorar tienen que adherirse a la terapia. Lo que significa que hay un tratamiento - a veces - farmacológico, a veces psicoterapéutico, y otras veces que incluye tanto fármacos como psicoterapia, que es lo ideal y tiene que seguirlo y no abandonarlo para su plena recuperación

    A parte de formar al paciente (psicoeducar), es muy importante formar (psicoeducar) a la familia, esta labor - a menudo - la realiza el psiquiatra y su Equipo de Atención Básica EAB pero nosotros tenemos que luchar para mejorar este tipo de atención. Porque el incumplimiento-terapéutico, en su sentido más amplio, hace que la persona vuelva a retroceder todo lo que había adelantado y mucho más.

    Para nosotros el tratamiento terapéutico es todo aquello que tiene que hacer la persona que esta enferma para mejorar su estado y todo aquello incluye i) medicación, ii) terapia psicológica, iii) actividades sociales... Ese apoyo-terapéutico requiere un gran esfuerzo por parte de la persona enferma y de las personas que están a su alrededor.

    http://www.azprensa.com

    Saludos
    Nere

Teletón perpetúa el modelo medico de la discapacidad

Teletón perpetúa el modelo medico de la discapacidad donde la Convención de la ONU de derechos de las personas con discapacidad impulsa el modelo social