La Espiritualidad y La Religión

Los términos espiritualidad y religión a menudo se usan como si fuesen lo mismo, pero tienen diferentes significados.

La religión puede definirse como un conjunto específico de creencias y prácticas generalmente relacionadas con un grupo organizado. La espiritualidad puede definirse como el sentido personal de paz interior, la conexión con un Ser Superior, con la naturaleza y con los demás, así como las creencias acerca del significado de la vida.

La espiritualidad se puede encontrar y expresar o independientemente o por medio de una religión o una secta organizada. Muchos pacientes se consideran tanto espirituales como religiosos. Algunos pacientes pueden considerarse espirituales, pero no religiosos.

A continuación citamos un artículo de Peter Morales, aparecido en Quest/CLF en Marzo de 2001. 

“Lo que llamo espiritualidad implica todo lo que soy —mi corazón, mi cabeza, mi cuerpo, mi atención. Hay una integridad y armonía maravillosa que tiene que ver con este estado que llamo espiritual. Hay una dulce serenidad, un sentido de pertenencia, de entrega, de claridad, de alegría, de paz, de estar vivos (la raíz de la palabra espiritual es, después de todo, la misma palabra para aliento o soplo). Una espiritualidad digna de ese nombre implica una conciencia profunda. Es ese sentido de apertura profunda y de despertar en la tradición budista. Una espiritualidad verdadera también implica todo lo que somos. Incluye nuestro intelecto, nuestras emociones, nuestros sentidos. Es el estremecimiento agridulce de una noche invernal límpida, de un ocaso amarillo, del aire salado en la playa. Es quedarse contemplando los cielos, poseídos de un temor reverente. Es la música que pasa sobre nosotros, una música que sentimos, tanto como la escuchamos. Es cantar juntos. Es el abrazo de amante, es el apretón de una mano infantil. Es el sabor del agua de montaña, del vino, del chocolate. La espiritualidad es sensual. La espiritualidad también es una elegante prueba matemática, el nuevo entendimiento ganado en un experimento científico. Es el grito de gozo en una reunión, reír en compañía de buenos amigos, estar presente en el nacimiento y en la muerte. Es sentirse amados y ser amorosos.

Finalmente, mi espiritualidad es mi estar plenamente vivo. No es mi vida espiritual, es mi vida. Toda ella. Es tu vida, toda ella. Toda reunida de manera que todas las piezas embonen finalmente. Puesto que el lenguaje es inherentemente inadecuado para expresar esta experiencia, tú y yo probablemente escogeremos palabras diferentes. Sospecho, sin embargo, que al hablar de espiritualidad hablamos del mismo sentimiento, del sentido de estar plenamente vivos, plenamente concientes, y plenamente vinculados. Es un sentido de SÍ, de un anhelo de gritar enfáticamente "sí" a la vida, de dar y recibir amor, de pertenencia, de conocer de una manera directa e intuitiva.

Si queremos el crecimiento espiritual. ¿Cómo hemos de hacer eso? ¿Debería iniciarme en una práctica de meditación? ¿Debería tomar algún curso? ¿Debería unirme a un grupo de apoyo? ¿Debería trabajar junto con otros por la justicia y la compasión?

La espiritualidad, creo yo, debería ser lo opuesto al escape. Esta es la enseñanza de todas las grandes tradiciones religiosas. El crecimiento espiritual proviene de un encuentro profundo y honesto con la realidad y con lo que realmente importa. En ese sentido, la espiritualidad simultáneamente nos consuela y nos desafía. Nuestra más profunda conciencia de quiénes somos y de lo que de verdad importa nos impone algunas exigencias.

La espiritualidad no es una mera autocomplacencia o autoindulgencia narcisista, ni ocuparse sólo de uno mismo. No es un escapismo. Nuestra vida espiritual no es una vacación emocional de escapada, en la que nos marcháramos o nos desentendiéramos de nuestras vidas.


Una espiritualidad verdadera no se echa para atrás ante los descubrimientos del
ADN y lo que hemos visto a través del Telescopio Espacial Hubble; se regocija con lo que la ciencia enseña y anhela aprender más.  

DNA_orbit_animated_small.gif 
  
La espiritualidad no es una mera autocomplacencia o autoindulgencia narcisista, ni ocuparse sólo de uno mismo. No es un escapismo. Nuestra vida espiritual no es una vacación emocional de escapada, en la que nos marcháramos o nos desentendiéramos de nuestras vidas.

La espiritualidad, creo yo, debería ser lo opuesto al escape. Esta es la enseñanza de todas las grandes tradiciones religiosas. El crecimiento espiritual proviene de un encuentro profundo y honesto con la realidad y con lo que realmente importa. En ese sentido, la espiritualidad simultáneamente nos consuela y nos desafía. Nuestra más profunda conciencia de quiénes somos y de lo que de verdad importa nos impone algunas exigencias.
 Si queremos el crecimiento espiritual. ¿Cómo hemos de hacer eso? ¿Debería iniciarme en una práctica de meditación? ¿Debería tomar algún curso? ¿Debería unirme a un grupo de apoyo? ¿Debería trabajar junto con otros por la justicia y la compasión?


Creo que necesitamos diferentes prácticas y que cada uno de nosotros debe realizarlas en diferentes momentos de nuestras vidas.”

 

 

bot_video[1].gif Videos sobre espiritualidad